Deja de engañar, no quieras ocultar que has pasado sin tropezar.

jueves, 12 de marzo de 2015

La bête noire de chacun...

Digamos que por H o por B a Dylan se le ocurrió la genial idea de comerse el mundo, y salió, y se lo comió.
Un dia decidió salir de esa ciudad que le atrapaba, decidió escapar de esa inocencia que le atormentaba, una historia que quizás jamás nadie llegaría a entender.
Se dijo a sí mismo que cada vez que esos recuerdos le vinieran a la mente, guardaría ese silencio que tanto relaja cuando cierras los ojos y dejas tu mente en blanco. Un regalo que agradece cada vez que los cierra, algo que le hacía sentir que estaba vivo. Luchas entre el nublo y la lluvia, así es el orden de las cosas.
Él sabía que el suelo aquel día respiraría, y salió a respirar con él.
Como cada mañana, desayunaba una tostada al grill unos 5 minutos, con los bordes bien negros, casi parecía una suela de zapato, acompañada de un vaso de leche con estrellitas de miel, que, según él, era comparable al desayuno de los dioses.
Tomó una ducha fría a ritmo de "November rain", ya que esas buenas costumbres jamás había que perderlas, vaqueros anchos, camiseta negra, y su mejor compra hacía ya 4 años, sus añejas converse classic. Así empezó su gran día, se dirigió al metro, mochila en mano, sandwich de york y tomate, fanta de naranja, y un paquete de kinder bueno, nunca descuidaba su dieta mediterránea.
Tercer banco a la derecha en la Gran Manzana, olor a  tráfico, suelo mojado, hojas de árbol pegadas al suelo un 24 de Octubre, aquel era el sitio perfecto para sentarse a tocar aquella pieza que llevaba meses de agonía ensayando en su habitación sin resultado alguno, si, sin duda alguna, ese era y él lo sabía.
Afinó su guitarra y entonó unos acordes para comprobar que lo había hecho bien, y en este momento, lo hizo. Su canción elegida fue "let it be" de The Beatles. Aquel SI bemol se le resistía durante meses y ese día iba a vencerlo costase lo que costase.
La gente,  en la gran manzana, suele ignorar a las personas que se ponen a tocar o pedir limosna en la calle, pero aquel día Susan se sentía cansada, y la llamada de la guitarra de Dylan le despertó como si hubiese tomado 7 red bulls en ayunas. Era la canción de su abuelo.
Sí, la canción de su abuelo. Esa melodía que solía susurrarle antes de dormir todas las noches. Susan jamás pedía historias antes de dormir, pedía canciones que contasen historias, y ésta, era la preferida de su abuelo Tom. Cada noche, al acostarla solía cantarsela al oido en voz muy bajita, hasta que Susan cerraba sus ojos y dormía plácidamente como si por arte de magia se tratase. Hacía ya 5 años que Tom perdió la vida debido a una enfermedad del corazón que fué llevándoselo poco a poco durante siete largos, intensos y muy angustiosos meses de hospital, en los que Susan jamás dejó de cantarle "let it be" en voz bajita a sus oidos. Ella creía que, después de escuchar a su abuelo, jamás podría volver a escuchar tales acordes acompañados de una dulce voz que mereciera la pena, pero allí estaba ella, sentada frente a Dylan con café barato en mano, cara de atontada, ansías de saber más, monstruos a los que vencer, palomas que dejar volar...
Creyó estar en un sueño y allí vio una señal divina.

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