Gritar que todo da igual es demasiado fácil, en el fondo de cada uno de nosotros sabemos que a pesar de sonreír, a pesar de querer dar sensacion a tu alrededor de que todo va perfecto, siempre queda la espinita que pincha.
Podría pasar rápido y tan siquiera darnos cuenta, pero así no suceden las cosas. Nos empeñamos en que lo efímero no lo sea, y en que lo lento se convierta en totalmente lo opuesto, sin contemplar la idea de que esto probablemente lo alargue mas, provocando un huracán dentro de nosotros que solo hace mas que girar y llevarse de por medio cualquier pensamiento positivo dejando solo que el negativo fluya.
Pero entonces es cuando el último trozo positivo toma vida, sube hacia arriba, y no deja que esto siga hacia delante, lucha hasta conseguir su mayoría, y acaba con el huracán.
Derribar un huracán es un hecho meteorológicamente hablando imposible, sin embargo, alguien algún día dijo que nada era imposible.
Esperar a que alguien lo derribe es cosa inútil, tú eres el único que puede con él, quien tiene que vencer, pasar las noches largas, dejar de mirar tu teléfono, dejar de andar sendero abajo y subir para arriba, nada de perder el tiempo, nada de darle mas importancia a las cosas de las que realmente tienen , llamar a cada cosa por su nombre, romper por lo sano, hallar un tallo nuevo en tu raíz, y empezar de nuevo.
