Aquel día se encontraron por básicas casualidades de la vida, se miraron, el uno al otro, simulando que jamás se habian visto
antes, aquello les pareció extraño pero a la vez querían saber más el uno del otro, aunque en ese momento no lo sintieran, decidieron probar suerte.
Con el paso del tiempo quisieron más, y más, y más, y extrañamente se forjó una amistad de la nada que nadie pensó, nisiquiera imaginó, inclusive ellos dos que sucediese.
El fué su mejor apoyo en los duros momentos, la cuidó, le prestó su hombro, le dió abrigo.
Ella hizo exactamente lo mismo, o quizás lo intentó. No era fácil hacerlo ya que él era bastante testarudo.
Básicamente eran como los hermanos gemelos, dicen que cuando uno de los gemelos muere, el otro no se lleva diferencia en cuanto a tiempo al dejar de respirar.
Pero también dicen, que cuando un sentimiento aflora no hay quien lo pare, pese a la voluntad, pese a el esfuerzo, y pese a la fuerza de uno mismo.
Quizás podríamos comparar la relación de los hermanos gemelos con una relación, el sentimiento de perder a alguien tan cercano es tan fuerte, que ni uno mismo puede combatir el miedo a quedarse solo, a perderse, a no encontrar un lugar en el que sentirse cómodo.
Así es como ella se sintió después de perder esa gran parte de su vida, esos dichosos años en los que se encontraba en la cumbre, en los que nunca imaginó que podría bajar una pendiente con tanta cuesta hacia abajo.
Pero el realismo abunda en ella, sabe que es lo correcto, no siempre lo correcto es lo cierto, pero quizás es la salida mas fácil, borrar un camino para incorporarse a otro.
Para ello tiene que buscarlo, y para buscarlo necesita tiempo.
Un tiempo de inicio, un tiempo de reflexión, un tiempo de cambios, un tiempo de necesidad, un tiempo para darse cuenta de que no siempre en la cumbre se está bien, un tiempo en el que poder subir de nuevo a la cumbre, pero esta vez prepararse para nuevas recaídas.
No por ello ese sentimiento dejó de ser lo que fué en su dia, sólo dejó de medir. Como si de una planta se tratase, y estuviese en pleno crecimiento pero en ese momento, dejó de regarse por el miedo a que tocase el techo, quizás habría sido la planta mas bonita del jardín botánico, pero eso jamás lo sabremos, porque dejaron de regarla..
Se sentía tan insignificante frente a él que sus latidos eran cada vez mas ligeros, casi al ritmo de sus pies.
No habia tiempo que perder, él lo sabia, pero su cuerpo vivía exhausto y la voluntad ya no era suficiente.
antes, aquello les pareció extraño pero a la vez querían saber más el uno del otro, aunque en ese momento no lo sintieran, decidieron probar suerte.
Con el paso del tiempo quisieron más, y más, y más, y extrañamente se forjó una amistad de la nada que nadie pensó, nisiquiera imaginó, inclusive ellos dos que sucediese.
El fué su mejor apoyo en los duros momentos, la cuidó, le prestó su hombro, le dió abrigo.
Ella hizo exactamente lo mismo, o quizás lo intentó. No era fácil hacerlo ya que él era bastante testarudo.
Básicamente eran como los hermanos gemelos, dicen que cuando uno de los gemelos muere, el otro no se lleva diferencia en cuanto a tiempo al dejar de respirar.
Pero también dicen, que cuando un sentimiento aflora no hay quien lo pare, pese a la voluntad, pese a el esfuerzo, y pese a la fuerza de uno mismo.
Quizás podríamos comparar la relación de los hermanos gemelos con una relación, el sentimiento de perder a alguien tan cercano es tan fuerte, que ni uno mismo puede combatir el miedo a quedarse solo, a perderse, a no encontrar un lugar en el que sentirse cómodo.
Así es como ella se sintió después de perder esa gran parte de su vida, esos dichosos años en los que se encontraba en la cumbre, en los que nunca imaginó que podría bajar una pendiente con tanta cuesta hacia abajo.
Pero el realismo abunda en ella, sabe que es lo correcto, no siempre lo correcto es lo cierto, pero quizás es la salida mas fácil, borrar un camino para incorporarse a otro.
Para ello tiene que buscarlo, y para buscarlo necesita tiempo.
Un tiempo de inicio, un tiempo de reflexión, un tiempo de cambios, un tiempo de necesidad, un tiempo para darse cuenta de que no siempre en la cumbre se está bien, un tiempo en el que poder subir de nuevo a la cumbre, pero esta vez prepararse para nuevas recaídas.
No por ello ese sentimiento dejó de ser lo que fué en su dia, sólo dejó de medir. Como si de una planta se tratase, y estuviese en pleno crecimiento pero en ese momento, dejó de regarse por el miedo a que tocase el techo, quizás habría sido la planta mas bonita del jardín botánico, pero eso jamás lo sabremos, porque dejaron de regarla..
Se sentía tan insignificante frente a él que sus latidos eran cada vez mas ligeros, casi al ritmo de sus pies.
No habia tiempo que perder, él lo sabia, pero su cuerpo vivía exhausto y la voluntad ya no era suficiente.
¿Qué pesa más? ¿Las ganas de paralizarte frente a este huracán insoportable, o seguir aniquilándote por ganar la carrera?
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